los precios desorbitados de la ropa, o cuando una chaqueta de plumas vale tanto como el alquiler de un estudio

Si no fuera por la música pop y los susurros de la fuente, el centro comercial de Galerías Pacífico en Buenos Aires, un sublime edificio neorrenacentista de finales del siglo XIXmi siglo, parecería un museo. Ese día, los visitantes, con las manos en la espalda y el cuello torcido, escudriñan los escaparates, van de una tienda a otra y no tocan nada.

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Entre estas tímidas figuras, Edgardo (cuyo nombre no aparece, quiso permanecer en el anonimato), de 73 años, llegó a examinar un plumífero naranja por segunda vez en pocos días. El empresario es parte del target del centro comercial pijo, reclamando clientela en su sitio web «de un nivel socioeconómico y cultural alto». Pero una sencilla chaqueta acolchada a 85.700 pesos (372 euros al cambio oficial de principios de abril, casi la mitad en el mercado paralelo), da que pensar. «¡Es muy caro! Esta inflación es un cáncer. No veré el final en mi vida»el septuagenario se deja llevar.

La inflación, la enfermedad crónica de Argentina, alcanza un récord desde 1991, en 104,3 por ciento en el transcurso de un año en marzo. Al sector de la confección y el calzado le va aún peor: 119% de crecimiento en el transcurso de un año. Fue la más afectada por las alzas de precios, indicó el instituto nacional de estadísticas Indec, en febrero (en marzo fue superada por poco por la industria hotelera y de restauración).

Así, algunos precios parecen totalmente desproporcionados, como el del plumífero naranja que le interesa a Edgardo. La marca argentina no es especialmente lujosa, pero la chaqueta cuesta tanto como el alquiler mensual de un modesto monoambiente en Buenos Aires, y su precio supera el salario mínimo (80.000 pesos). Suficiente para alimentar la ira social y la desconfianza hacia ciertas marcas y distribuidores.

Facilidades de pago

Para convencer a los clientes frustrados, algunas tiendas ofrecen facilidades de pago: pago a plazos, sin cargo o con interés; Devoluciones en efectivo (y garantía de evasión de impuestos). Los mayoristas atraen a los consumidores simples. En los barrios de clase media, las tiendas de segunda mano están echando raíces. Un suéter o pantalones pueden ser objeto de fondos de premios para regalos de cumpleaños conjuntos. Sin embargo, en febrero, las ventas del sector textil y confecciones de las pequeñas y medianas empresas cayeron un 11% interanual, según la Confederación Argentina de la Mediana Empresa.

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Para Luciano Galfione, presidente de la fundación Pro Tejer (que agrupa a diferentes actores, empresarios, gremios y académicos, del sector textil), varias causas explican estos precios de locura. “Ha aumentado la electricidad y el gas, lo que afecta al textil. Ciertas materias primas derivadas del petróleo también subieron. Y nos falta materia prima importada”. enumera, refiriéndose a la falta de divisas que limita las posibilidades de las empresas importadoras y encarece los productos terminados.

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